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martes, 7 de junio de 2016

URGAVO ALBA, ARJONA

Arjona, una ciudad fascinante para visitar. 
Urgavo Alba, una ciudad más que milenaria.

Urna de los Guerreros siglo I a. Cristo

Historia de Arjona hasta inicios de la Edad Media
Del periodo argárico, una cultura que comprende buena parte de Andalucía Oriental o Región Histórica de Granada, en el oppidum de Arjona se han encontrado importantes piezas, por ejemplo flechas, puñales...





Durante el periodo ibérico los hallazgos muestran un elevado desarrollo de la zona, son abundantes las piezas esculpidas, la cerámica y otros restos. Tras la dominación romana la convivencia fue pacífica, cada pueblo vivía según sus costumbres, pero los iberos, atraídos por el desarrollo y comodidades romanas, fueron adaptándose a los nuevos usos y para el siglo I de la era cristiana la romanización era casi completa, pues habían abandonado hasta su lengua.

Urna tal vez cineraria del siglo I antes de Cristo.
A pesar del dominio romano, estos habían respetado su cultura y riqueza.



Pasarriendas, S I a. de Cristo

El necrópolis de Piquía, del siglo I antes de Cristo, se han encontrado numerosas tumbas, panteones subterráneos, columbarios que nos han dado importantes restos como estas cráteras traídas de Grecia.



La ciudad romana de Urgavo o Urgavo Alba se corresponde con la actual Arjona. Esta ciudad apoyó a Julio Cesar en sus batallas, quien a cambio le otorgó un estatuto jurídico privilegiado como era su costumbre con las ciudades de las que recibía apoyo. La importancia de la ciudad fue en aumento llegando a contar con importantes edificios como un templo dedicado al emperador Augusto, otro al dios Baco y otro más a la esposa de Trajano, Plotinia. Se han encontrado importantes restos de columnas, objetos de adorno, cerámicas, epigrafía... que demuestran la importancia de la ciudad ya desde los primeros tiempos del imperio.

Cerámica de lujo, terra sigillata, es decir con sello,
 "cerámica de marca" como diríamos hoy.





Pedestal que sostenía una estatua de Augusto en su templo.
Empleado por los musulmanes en un aljibe.

Otro pedestal que sostenía una estatua de Augusto en su templo.
Empleado por los musulmanes en el mismo aljibe.

Tras la caída del Imperio Romano, los visigodos también dejan su patrimonio, por supuesto de menor riqueza que el romano. Este periodo durará hasta la conquista musulmana tras el año 711.

domingo, 5 de junio de 2016

MUNICIPIUM PONTIFICIENSIS OBULCO (PORCUNA)

Restos ibéricos.

Porcuna es una localidad jiennense de dilatada historia y rico patrimonio, aquí voy a hacer un breve recorrido por su pasado más remoto, la Prehistoria y Edad Antigua, periodos de los que conserva un patrimonio de los mejores de España.

Los primeros pobladores habitaron el lugar de forma intermitente durante el Paleolítico, desde hace unos veinte mil años, por tanto no dejaron restos de un asentamiento permanente.

En el Neolítico Final no existía aún un poblado propiamente dicho en la actual Porcuna, sino varias aldeas próximas de las que sí se conservan interesantes restos.

En el III milenio a. C. (Edad del Cobre), en el cerro de los Alcores, se levantó un poblado de cabañas de planta circular, que posee en su centro una fortificación protegida por una doble muralla, construcción de las más antiguas del periodo ibérico en Andalucía Oriental. Otro poblado similar se encuentra en el cerro de Albalate. 

Durante la Edad del Bronce (II milenio a.C.) se mantuvieron habitados los dos poblados levantados en el milenio anterior, quedando restos que hablan de la vida de sus pobladores.

Periodo ibérico
La localidad era conocida con el nombre de Ipolca. Al estar situada en el eje principal de comunicación de los íberos, la Vía Heráclea, gana importancia y llega a acuñar moneda propia . En los siglos VII y VI a.C., en el poblado del cerro de los Alcores, ya aparece un trazado geométrico, las casas son rectangulares con paredes que poseen zócalos de piedra sobre los que se alzan muros de adobe. Se dedicaban a la agricultura y la ganadería y eran gobernados por un príncipe.

File:Tumba en Cerrillo Blanco.jpg
Tumba megalítica, es decir, construida con grandes losas de piedra, en el yacimiento de Cerrillo Blanco. 
Foto: WIKIPEDIA: RAFAEL JIMÉNEZ

Estos príncipes, como sistema para perpetuar su fama, levantan tumbas entre las que destaca un mausoleo del año 450 antes de Cristo que recuerda algo a una pirámide escalonada con gran profusión de esculturas que representan la vida de estos personajes desde la infancia hasta la edad adulta, el conjunto se corona con los antepasados y la diosa de la naturaleza entre carneros situada en la cumbre, este mausoleo estaba en un recinto sacro del cerro de los Alcores, pero poco después de su construcción fueron arrancadas, fragmentadas a golpes y enterradas en la necrópolis de Cerrillo Blanco (conjunto funerario unos siglos más antiguo), el estilo de las esculturas es parecido al del final del periodo arcaico griego y del comienzo del periodo clásico por lo que se intuye la dirección de un artista griego. Reproducciones de las más importantes se pueden contemplar en el Museo Arqueológico de Jaén.


 Guerrero de la doble armadura,
su casco muestra una clara influencia griega arcaica.
 Yacimiento del Cerrillo Blanco de Porcuna
(primera mitad del siglo V a. C.) 
Foto: (WIKIPEDIA)  Jesús Serrano


Torso de sirena


La cerámica ibérica.




Vídeos sobre la escultura de Ipolca:

https://youtu.be/rZxXVab3ByU

https://youtu.be/OR0r_Ym63qM


En el siglo I antes de Cristo continúa manteniéndose el alto grado de calidad de la escultura de esta localidad, tal es el caso del Oso de Porcuna, labrado en un bloque de piedra caliza con líneas estilizadas, es una imagen de carácter funerario que levanta una pata con la que muestra una herma o pilar de origen griego que podría significar masculinidad y fortaleza.

El Oso de Porcuna, siglo I a. C. (ibérico) escultura de tipo funerario,
está sentado mientras apoya la pata sobre una herma.
Foto: (WIKIPEDIA).

Época Romana
Al parecer conviven durante mucho tiempo romanos e iberos, cada uno en su núcleo poblacional, muy próximos entre si.
El nombre del lugar evoluciona al de Obulco, hecho confirmado por los hallazgos epigráficos y los textos de autores como Plinio, Ptolomeo y Estrabón. Durante la república y el alto imperio la ciudad alcanzó gran importancia, muestra de ello fue la acuñación de moneda, llegando a situarse entre las principales ciudades romanas de Hispania, junto a Córdoba, Mérida, Tarragona...
Recientemente se han descubierto parte de los restos de su anfiteatro, algo anterior al año 70 antes de Cristo y por tanto un poco más antiguo que el Coliseo de Roma. La parte excavada hasta el momento muestra varias decenas de metros de la fachada sur, donde se elevan los pilares que enmarcan los vanos además de una impresionante sillería almohadillada. Su planta elíptica supera ampliamente el centenar de metros en el diámetro mayor, uno de los mayores del Imperio.




Retrato de Livia, esposa de Augusto, S. I a. C.
Ruinas romanas de la ciudad.


Enlosado de una calle.

Acceso a edificio.

sábado, 14 de mayo de 2016

POBLADO DEL CASTELLÓN

En la cima plana del cerro del del Castellón, en la localidad granadina de Montefrío, se ha localizado un poblado con restos de casas, aljibes, calles, y diversos tramos de muralla. Tiene su origen en el bajo Imperio Romano, momento en el cual los habitantes de los Castillejos se trasladan a este nuevo emplazamiento, también fortificado. Tras la invasión musulmana se registra una progresiva intrusión de elementos islámicos que van desplazando a los autóctonos. El poblado se mantiene habitado hasta los siglos X u XI después de Cristo.

Inicio del camino excavado en la roca para acceder al poblado.


Al inicio se encuentran los restos de una puerta.


Encajonado entre altas rocas era muy fácil de defender de cualquier ataque.


Zona del camino esculpida en la roca.


Pavimento del camino formado por pequeñas piedras
 que perdura tras casi 1500 años.

En otras zonas se construyeron poderosos  muros de contención que sustentan aún el camino.


Parte excavada del poblado visigodo del Castellón.
 Aunque no aparecen murallas,
se puede asegurar que las hubo como demuestran los restos

 existentes por los alrededores.

Una de las calles.


Emplazamiento de un recipiente de gran tamaño.

NECRÓPOLIS VISIGODA DEL CASTELLÓN

La necrópolis visigoda altomedieval, obra del siglo VIII después de Cristo, está localizada en la ladera occidental del Cerro del Castellón, en el término municipal de Montefrío. En la zona que se excavó aparecieron una serie de sepulturas rectangulares realizadas con losas de piedra planas que fueron excavadas en su momento y sacados los ajuares para ser trasladados a los lugares adecuados a su conservación. Tras estudiar los restos extraídos se comprobó que las tumbas fueron reutilizadas con posterioridad.

Necrópolis visigoda del cerro del Castellón.

Ajuar encontrado en las tumbas.
14 - pendientes
15 - Anillo
12 y 13 - Hebillas

Ajuar funerario, en buena parte de la necrópolis estudiada.

 Este descubrimiento, junto con el del poblado existente a pocos metros más arriba, supuso un gran avance para el conocimiento de los asentamientos visigodos de Andalucía Oriental. 

martes, 3 de mayo de 2016

SEPULTURAS ROMANAS DE ALMUÑÉCAR

RITOS FUNERARIOS ROMANOS
Los romanos solían incinerar los cadáveres para que el alma pudiese volver a su lugar de procedencia, el cielo, pero antes de ello se realizaba todo un complejo ritual que se iniciaba antes de la espiración del enfermo. 

Cuando a un romano se le acercaba la muerte, era colocado sin ropa sobre la tierra, la madre que lo acogió tras el nacimiento y que ahora lo recibe tras la muerte. Tras agonizar, el beso de un familiar despedía al difunto. Su nombre era repetido por tres veces en diversas ocasiones a lo largo del funeral, es lo que se conoce como conclamatio.

A continuación, el cadáver se lavaba y cubría de ungüentos para evitar una rápida descomposición.
Las plañideras contratadas, praeficae, se lamentaban llorando con los cabellos revueltos y llenos de ceniza.
El cadáver, ya vestido con las mejores galas, se exponía durante varias horas o días en un catafalco, con ramos de flores en torno, en el atrio de la casa, mientras se hacía sonar una caña hueca para ahuyentar a los malos espíritus y se perfumaba el ambiente con incienso.




Tras el velatorio el difunto era conducido al lugar de cremación o inhumación en una especie de procesión en la que participaban las plañideras contratadas, músicos, bailarines y portadores de antorchas, además de familia y amigos. En el cortejo fúnebre se portaban las las imágenes de los antepasados del finado, como si participasen en el acto. Si el féretro era transportado por esclavos, estos recibían la libertad tras el funeral, si no, lo llevaban familiares.



Una vez llegados al la necrópolis o cementerio, el ataúd se colocaba en una pira sobre un altar. Antes de la incineración se sacrifican los animales que él amó en vida y se quemaban sus cuerpos, seguidamente se le cortaba un dedo al difunto, sobre el que se echaban tres puñados de tierra, se le abrían los ojos al cadáver para que viese el ascenso de su propia alma, a la pira se arrojaban ofrendas como alimentos y perfumes y se prendía fuego. Para terminar se viertía agua y vino sobre la pira.



Los restos del difunto se recogían y enterraban, o se introducían en una urna para ser llevados al columbario.

Las almas de los difuntos que habían sido personas de bien se convertían en dioses Manes que eran honrados en las casas, en ellas tenían un lugar específico para colocar sus imágenes que era respetado y visitado con frecuencia por la familia. Si en el difunto había dominado la maldad creían que se transformaban en demonios llamados lemures, como decía Apuleyo en su libro "De Deo Socratis".

Los monumentos funerarios solían estar rodeados de jardines con plantas variadas, y además, de espacios destinados a que los familiares y amigos del difunto pudiesen celebrar banquetes y ceremonias en su honor, entre otros días, en el aniversario de su nacimiento y muerte, fechas en que los monumentos funerarios eran engalanados con guirnaldas y coronas.





En el caso de inhumación se colocaba un ajuar de objetos personales junto al cuerpo, ya que en un principio creían que el alma permanecía junto al cuerpo, pero con el tiempo se impuso la idea de que esta salía de él como más arriba se apuntó.

Estos ritos fueron cambiando a lo largo del tiempo y fueron sustituidos por la inhumación con la generalización del Cristianismo.

Las imágenes anteriores proceden de los monumentos funerarios y museos de Augusta Emérita.


LOS COLUMBARIOS DE ALMUÑÉCAR (SEXI FIRMUM IULIUM)
La palabra columbarium significa en latín palomar, por parecido que tenían con estas construcciones destinadas a alojar palomas. Se construían fuera de las ciudades para evitar enfermedades, normalmente junto a los caminos de salida o de villas. Algunos se conservan aún, como la Torre del Monje o el columbario de Antonino Rufo en La Albina, ambos en Almuñécar.
Estos sepulcros colectivos, normalmente de planta cuadrada cubierta por una bóveda, tenían las paredes llenas de pequeños nichos similares a los de un palomar. Cada nicho se cerraba con una placa de mármol en la que aparecían nombre y cualidad del muerto. El interior se completaba con ornamentación lujosa a base de mármoles, estucos y pinturas.

Columbario de la Torre del Monje. 
Monumento finerario colectivo fechado a finales del siglo I o a principios del siglo II d. de Cristo. Se localiza a dos km de Almuñecar. El material constructivo consiste en sillarejo irregular de pizarra unido por mortero. Su planta es cuadrada con tres metros de lado y la cubierta una falsa bóveda. Tiene forma de torre con influencias orientales que interiormente consta de dos pisos. Cerca de él se han encontrado las ruinas de una villa o casa señorial de campo.

Columbario Romano Torre del Monje, exterior.

Materiales constructivos, lajas de pizarra y sillarejo unidos con mortero de cal y arena.

Sala superior con los nichos para colocar las urnas cinerarias,
recordemos que estos se hallaban cerrados por lápidas de mármol
 y los muros decorados con estucos y pinturas hoy desaparecidas.


Sótano

Columbario de Antonino Rufo en La Albina.
El edificio tenía una sala cubierta por una bóveda de lajas de piedra en cuyos muros se situaban una serie de nichos en los que se colocaban las urnas cinerarias destinadas a contener las cenizas del difunto. en la pared del fondo se abren los restos de un gran arcosolio que cubría una especie de banco con agujeros circulares en la superficie superior usados para encajar vasijas.

Restos del columbario, en un estado de dejadez total.
A nuestra izquierda tres filas de nichos para contener urnas cinerarias.
A nuestra derecha los restos del arcosolio que cobija los huecos para las vasijas.

Nichos situados a la derecha del arcosolio.

Nichos situados a la izquierda del arcosolio.
Todo en un lamentable estado de abandono.

Huecos redondos bajo el arcosolio con huecos para depositar encina vasijas.

Hueco para depositar vasijas.

Trozo de opus signinum reutilizado.
 Este material estaba formado por mortero de cal y arena,
junto con trozos menudos de cerámica o de roca silícea
que impermeabilizaba cisternas, estanques, piscinas o acueductos.

Restos del revestimiento interno, en este caso de un nicho, que debió estar decorado.

Arranque de la Bóveda que cubría la estancia.

Resto cerámico reutilizado en sus muros.


Mausoleo del acueducto

Se haya situado junto a la vía que comunicaba la actual Nerja con Selambina, a poca distancia de la ciudad, justo en el tramo final del acueducto.
Los restos corresponden a un edificio que debió estar decorado con cierta riqueza dadas sus dimensiones. A su alrededor debió haber un jardín y zona de culto a los antepasados, como era habitual.

Mausoleo o monumento funerario 

Sepulturas romanas en el castillo de San Miguel.


La inhumación se generalizó tras la expansión del cristianismo por todo el imperio quedando olvidada la incineración.


Sepulturas romanas de inhumación halladas en el castillo,
 cubiertas por lajas de piedra.